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CAZA MAYOR
señaron, sólo por si acaso), pero ya estaba en el suelo, donde lo
las manos no me respondían, te- rematamos a cuchillo.
nía el corazón a mil pulsaciones Allí vi que, antes que yo dispare,
por segundos. A todo esto, Mar- luego de correr, paró y se giró
celo, nuestro guía, salió dispa- para vernos, porque nos había
rado diciendo que había caído, visto pero no nos había identifi-
pero mi cuerpo no respondía, ni cado (esto me lo contó Marcelo,
para cargar, ni para escuchar y, yo no lo noté). Y tuve el suficiente
menos todavía, para procesar lo tiempo para tirarle y, como el fa-
que me decía. Tampoco atinaba moso dicho, “La curiosidad mató
a correr con él, intentaba hacer al gato”… o al ciervo en este caso.
todo a la vez y nada me salía. Para cerrar, luego de tomar las
Finalmente logré, mientras co- fotos necesarias, y a contrarre-
rría, abrir el cerrojo, pero no hizo loj debido a la poca luz solar que
falta cargar otra bala. El ciervo quedaba, nos llevamos las pale-
34 MAYO 2025 Revista El Pato

