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CAZA MAYOR
no quedó listo para la cacerola.
Habiendo cazado, tuve un largo
rato para dormir, hasta que a la
medianoche lo fui a buscar a Na-
zareno, que la niebla le jugó una
mala pasada: a las 22 hs. ya no
veía a más de 5 o 6 metros. Cla-
ro: él estaba en una hondonada
del caldenal, mientras yo estuve
sobre un médano. Me enteré de
la niebla sólo cuándo lo fui a bus-
car para que me ayude a subir el
chancho a la caja de la camione-
ta.
Puse el retículo con el punto rojo Enrique tuvo más suerte, pero
en el pecho… y ya me estaba mi- menos oportunidades: vio tres
rando de frente, directo a mí. No grupos de jabalíes, aunque nin-
hice ningún ruido, juro que no
lo hice, pero el bicho ya estaba
atento con el hocico en alto que-
riendo oler lo que desconfiaba.
Los sentidos de estos bichos son
tremendos, y está demostrado
que aprenden… y mucho.
Apreté el gatillo. El estampido
dentro del apostadero fue te-
rrible, por lo que no escuché el
esperado “bolsazo”, pero estaba
confiado. Esperé un rato y me
acomodé para salir… desde allí
lo ví gracias al linternón de Fenix
que estaba estrenando. El porci-
88 AGOSTO 2025 Revista El Pato

