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PESCA EN AROCENA

                                                            La actividad de peces forrajeros

                                                            era importante, cada tanto algún

                                                            doradillo mostraba su destreza
                                                            en la cacería. Esperamos unos

                                                            minutos y comenzamos a tener

                                                            acción  en  nuestras  cañas.  Yo
                                                            pescaba con carnada y, Ricardo

                                                            Diez,  quien  me  acompañaba,  lo

                                                            hacía con señuelos.

                                                            Los  ataques  se  alternaban:  un
                                                            dorado con cebo natural y, otro,

                                                            con señuelo, señal clara que no

                                                            importaba lo que caía al agua, los
                                                            doradillos  estaban  con  hambre

                                                            y atacaban sin despreciar nues-

                                                            tros ofrecimientos.

                                                            Estuvimos  más  de  una  hora  a
       A primeras horas de la mañana,

       estábamos en la casa de Miguel,                      pura actividad, hasta que le su-
       estrechándonos  en  un  abrazo                       gerimos a Abraham, ir en busca

       y, con el mate listo, caminamos                      de algunos pozos para tentar a
                                                            los  cachorros  con  las  morenas
       hasta la costa en donde nos es-
       peraba nuestra lancha. Abraham,                      que teníamos de carnada.

       ya estaba listo y, tras los saludos,

       emprendimos la navegación.
       Fueron apenas unos minutos de

       marcha, el guía detuvo la lancha

       y sobre una costa donde veíamos
       mucha actividad de aves, nos dijo

       que empecemos a lanzar los apa-

       rejos, para calentar las muñecas

       con los piques.




       10        NOVIEMBRE 2025                                                           Revista El Pato
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