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cuidado lo fue acercando a la lan-
cha para izarlo y salir velozmente
hasta la costa, para registrar en fo-
tos el mágico momento, y a la vez
hacer una correcta devolución del
gran tesoro con pintas.
Imponente surubí del Alto Paraná
que nos daba la bienvenida, y que
nos permitió emocionarnos con
estas verdaderas bestias que vaya
a saber uno cuántos años tiene…
Estos colosos del río son los que
tenemos que cuidar celosamente,
porque son los que van a perpe-
tuar a la especie y le transfieren a
sus descendientes la mejor genéti-
ca.
Tras unas rápidas fotos, la debida
devolución del Toro del Paraná,
que lentamente se fue alejando
Palabras entrecortadas, mezcla buscando las profundidades segu-
de cansancio e incertidumbre, se ras que aún esconde el “Pariente
adueñaban de los últimos minu- del mar”. Abrazos, locura, y la feli-
tos de la contienda, hasta que la cidad de saber que ya con este tro-
silueta del gran surubí se dejó ver feo, el viaje valió la pena…
entre las claras aguas del río Para- Nos quedamos en la costa, tratan-
ná. “¡Mirá que bicho! ¡Es gigante!” do de recuperar energías, pero
gritó el pescador, y el guía se son- también disfrutando de este mo-
ríe sabiendo que para él también mento… de esos que uno siempre
es un premio muy grande ver la sueña con encontrar en cada viaje
felicidad del aficionado. Con sumo al norte correntino.
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