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PESCA EN ESQUINA
Empezamos a dar con dorados
combativos, algunos de muy
buen porte que rompían la mo-
notonía del frío con arremetidas
furiosas. No tuvimos la misma
suerte con los surubíes; a pesar
de sondear minuciosamente po-
zones y sitios de profundidades
importantes, el único habitante
de las profundidades que quiso
animarse a morder el anzuelo
fue un pequeño tape que devol-
vimos con cuidado al agua.
Los mejores momentos —y los
piques más violentos— se con-
centraron en los desaguaderos
y en las correderas que nacen
serpenteando los arroyos para
morir en las lagunas interiores.
Un bagre tape se animó a Allí, los dorados embestían con
nuestros ofrecimientos.
una violencia voraz, regalándo-
nos peleas memorables donde la
El clima se puso áspero, con un fricción del reel era música para
intenso frío, viento constante y nuestros oídos. Lo que más nos
una llovizna pertinaz que pare- llamó la atención fue el colorido
cía congelar las esperanzas de de estos ejemplares: ostentaban
los tiros largos. una tonalidad brillante, casi eléc-
Ante la negativa del agua a los trica, con el lomo de un verde os-
artificiales, debimos pivotar ha- curo profundo, una clara señal
cia el plan B: los cebos natura- de que se trataba de peces que
les. Encarnamos las morenas y llevaban tiempo aclimatados en
la respuesta no tardó en llegar. aguas limpias y oxigenadas.
40 AGOSTO 2026 Revista El Pato

