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CAZA MAYOR

                                                            negros. Si bien me pasaba cada

                                                            tanto esa herramienta espectacu-
                                                            lar, el tiro iba a ser un desafío puro

                                                            porque a veces la densidad de las

                                                            panojas de sorgo me los ocultaba.

                                                            Por eso tuvimos que arrimarnos a
                                                            unos 60 metros hasta la posición

                                                            de  disparo.  Nos  acomodamos  y,

                                                            mientras Seba con el visor che-
                                                            queaba cuál era la mejor opción,

                                                            yo bajaba un poco las pulsaciones

                                                            controlando la respiración, has-
                                                            ta que me indicó cuál de todos los


       Triplete en la ganchera.                             bultos negros era el indicado... ¡y lo
                                                            planché!
       Sin dudas, como cada vez que las  Ni les digo el desparramo que se

       cosas nos salen realmente bien,  armó, pero ya teníamos el primero

       hay una cadena de detalles que  adentro. Nos acercamos al animal
       se conectan: en este caso, un sorgo  y confirmamos que era un padri-

       cargado que mantenía a los puer- llito jovencito de unos 40 kg, pero

       cos súper entretenidos comiendo  redondito como estuche de bom-

       a reventar; un viento que nos daba  bón. En eso, Seba me avisa que hay
       en la cara todo el tiempo alejando  otros chanchos a unos doscientos

       nuestro olor; algún que otro ruido  metros. Nos miramos y arranca-

       que tapaba el andar; y, por último,  mos para el segundo rececho, que

       una luna maravillosa que nos per- fue un poquito más largo porque
       mitía caminar entre las plantas es- la mejor de las siluetas que veía en

       quivando y pisando la tierra areno- la imagen térmica iba caminando

       sa con un rececho lento, bien lento,  y no paraba, hasta que pudimos
       pero bastante sigiloso para ser yo. llegarle  y...  ¡pum!  Embocamos  el

       Seba veía los jabalíes lo más bien  segundo, esta vez un padrillito de

       con  el  visor;  yo  solo  veía  bultos  unos 60 kg bien puestos.



       76        SEPTIEMBRE 2026                                                          Revista El Pato
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