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CAZA MAYOR
vía. Erré mi tiro y el animal se fue
corriendo rompiendo ramas del
monte. Nos miramos muy emocio-
nados con mi viejo porque eso ya
era cazar.
Le tocaba el turno a mi papá y es-
peramos casi tres horas en silencio
hasta que le bajó un padrillo. Nos
miramos asombrados y mi viejo le
apuntó. Decía que lo veía perfecto,
pero se ve que la suerte no estaba
de nuestro lado y también le erró.
Llamamos a Marcelo con el walkie
talkie para que nos buscara, mien-
lugar teníamos que hacer mucho tras con mi viejo nos tomábamos
silencio porque los jabalíes escu- un café del termo, y comíamos
chan con facilidad. El primer chan- chocolate. Estábamos tapados con
cho, y el más grande que vimos en una bolsa de dormir porque hacía
esos días, bajó muy temprano, algo mucho frío… las tres horas fueron
inusual ya que ellos esperan que duras.
sea más de noche. Era mi turno de Llegó Marcelo y yo ya sabía que me
disparar y estaba muy nervioso. tenía que bajar de la chata a abrir
La penumbra del atardecer me mo- todas las tranqueras del camino.
lestaba y la última luz del sol brilla- Arribamos a la casa donde nos es-
ba en la mira. Lo único que veía era peraban con un rico estofado de
la mancha negra del chancho. Los jabalí. Luego de comer mi viejo se
nervios me terminaron ganando: fue a dormir y yo acompañé a Mar-
estábamos a unos 70 u 80 metros celo al famoso “verde” donde iban
del charco y, cuando logré ver la los ciervos a comer avena. Tenía un
mancha negra, disparé… algo que visor nocturno e íbamos buscando
no tenía que hacer cuando no se si encontrábamos alguno, pero no
lo tiene bien identificado toda- tuvimos suerte.
104 JULIO 2025 Revista El Pato

