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CAZA MAYOR
y ahí es donde se encontraba una
pata muy buena con unos pelos
negros por encima de la altura
de mi rodilla; esto me dio la pau-
ta de que posiblemente entrara
un buen chancho astuto en ese
cebadero y, sin dudarlo, tomé la
decisión de apostarme ahí.
Me aposté a eso de las 17:30 hs.
y para las 20 hs. confirmaría mis
sospechas… era un chancho MUY
astuto, el apostadero estaba pe-
gado al alambrado a unos 60 u
70 m. del sonajero y esa noche
el viento venía justo de enfrente,
buena pata. Hasta que me topé un tanto cruzado, favoreciéndo-
con el último apostadero y que- me. Este chancho, ni lerdo, ni pe-
dé impresionado. A diferencia rezoso, entró por ATRÁS de mi
de lo que uno esperaría encon- apostadero donde seguramente
trar en un cebadero, en este sitio me olió, me di cuenta de su pre-
no había ni una huella nueva, el sencia cuando sutilmente escu-
maíz no estaba casi tocado; uno ché cómo se levantaba el alam-
pensaría que en ese cebadero brado y cruzaba hacia el monte.
no hay buena actividad, pero la Ahí empezó una larga espera
realidad estaba escondida unos donde lo escuchaba dar vueltas
cinco metros atrás del maíz. Este al borde del monte, pero sin salir
cebadero se ubicaba entre el filo al cebadero y así me tuvo hasta
de un monte y un alambrado con las 21:30 hs. cuando por fin aso-
el sonajero justo en medio de mó la silueta, no obstante, tomé
estos dos, la huella estaba en el mi fusil para apuntar, pero no lle-
borde del monte donde había un gué ni a quitar el seguro que el
árbol seco con un poco de aceite jabalí miró hacia el apostadero
46 JULIO 2025 Revista El Pato

