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pio, responde a su tono de voz, a
sus gestos o a su silbato, y no al
de ese extraño que ahora resul-
ta que “le quiere dar órdenes y
pretende que le cace para él”. De
todas formas, las veces que he
vivido esta situación —que por
suerte han sido muchas—, siem-
pre fueron excelentes experien-
cias.
Recuerdo años atrás, cuando la
nafta era muchísimo más barata
y viajábamos a Buenos Aires, La
Pampa, Córdoba, Corrientes y
Santiago del Estero a cazar con
amigos que nos invitaban. Tar-
de o temprano hacíamos algún
Un Falcón que nos remonta a otros tiempos. que otro lance con sus perros,
teniendo además la inolvidable
El día estaba precioso, realmen- oportunidad de cazar con prác-
te, aunque a mi gusto algo calu- ticamente el 90% de las razas
roso —unos 18 °C o 19 °C a esa de perros de muestra que hay
hora—, y se hacía sentir a pesar en Argentina. Creo, si mal no re-
de haberme puesto solo una ca- cuerdo, que me quedaron sin ca-
misa y el chaleco. Pablito me dio zar el Drahthaar, el Spinone, el
a Enzo con su correa y salimos a Perdiguero de Burgos (hoy pre-
enfrentar el primer potrero para sente en Argentina) y el Gordon
conocernos con el jovenzuelo. Setter; pero el resto, seguro, me
No sé si alguna vez lo han hecho, dio por lo menos una o dos per-
pero es todo un desafío, por- dices en cada aventura. Y sí, es
que cada perro caza para y con un desafío, como expliqué antes,
su dueño, tiene un estilo pro- pero es muy lindo vivirlo.
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