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CAZA MENOR
temporadas pasadas y de los ca-
zadores que ya no están en este
plano, pero que nos acompa-
ñaron y de los que tanto hemos
aprendido.
Costó salir de la sobremesa, pero
a las 16:40, ya con poco más de
una hora y media de luz solar dis-
ponible, decidimos arrancar para
otros potreros. En mi caso, ya
estaba bastante satisfecho, así
que con un solo potrero me al-
canzaba; y “Enzo” se puso la diez,
por lo que fue un cierre de cace-
ría espectacular, a pesar de que
En los primeros potreros no en- erré cuatro o cinco perdices de
contramos muchas perdices, manera increíble e inexcusable.
pero salvo una errada, el resto Creo que mi joven conductor ca-
terminó en el chaleco, por lo que nino no me puteó tanto, ¡jaja! La
el balance fue más que positivo última fue una perdiz que cayó
para ir a almorzar contentos. Ni mal herida en un pajonal alto y
hablar de Pablito, que junto a su que solo pude recuperar porque
perro “Tito” —un pointer sólido el perro la encontró y la sacó de
negro ya adulto— hace un equi- debajo de un pastizal denso don-
po fenomenal. Así que era hora de se había fondeado.
de disfrutar de los chinchulines, Ya empezaba a atardecer y, a pe-
los choris, las costillas y el ma- sar de que el otro equipo (Pablo,
tambrito de cerdo, previa picada “Tito” y Damián con las cámaras)
de salame y queso entre comen- seguía tirando, decidí volver a los
tarios de esa cacería, las infalta- vehículos, someter a una consi-
bles anécdotas, los recuerdos de derable y bien merecida sesión
30 AGOSTO 2026 Revista El Pato

