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siempre hablo de “cañadas”, aun-
                                                            que en otros lugares las llamen

                                                            bañados o bajos; es la palabra

                                                            con la que crecí y la que me trans-

                                                            porta directo a aquellos campos
                                                            donde aprendí a cazar.

                                                            En San Javier compartimos mo-

                                                            mentos inolvidables entre ami-
                                                            gos:  amaneceres  mágicos,  tar-

                                                            des tranquilas y atardeceres de

                                                            esos que quedan grabados para

                                                            siempre en la memoria.
                                                            Porque, más allá del resultado, lo

                                                            que verdaderamente nos vuelve

                                                            fanáticos son las vivencias.
                                                            Preparar los equipos, caminar
       Es  una  cacería  sacrificada,
       pero muy atrapante.                                  por el agua, acomodar los señue-

                                                            los, esperar las primeras luces y
       EL REGRESO DE LAS LLUVIAS                            escuchar cómo comienza a des-

       Durante el tramo final, las preci- pertar la laguna son sensacio-

       pitaciones volvieron a acompa- nes difíciles de explicar. A eso se
       ñarnos y pudimos disfrutar nue- suma  la  compañía,  las  charlas,

       vamente de excelentes jornadas.  las bromas, el mate compartido

       Tuve  la  oportunidad  de  cazar  y ese silencio tan particular que

       en el departamento San Javier,  solo se respira en medio de una
       una región que podría definirse  cañada.

       como un paraíso absoluto para  Con los años uno comprende que

       los amantes de los patos.                            la cantidad de piezas deja de ser
       Sus grandes espejos de agua, ba- lo primordial. Lo que permanece

       ñados, bajos y extensas cañadas  son los paisajes, las experiencias

       conforman hábitats ideales para  y las personas con las que tuvi-

       las distintas especies. En mi caso  mos la suerte de compartirlos.



                                                                                  www.revistaelpato.com  103
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